
estoy con una serie de skaters, acá van dos poemas.
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en el barrio hubo una olla de skate
pero los de la municipalidad la clausuraron
escuché decir que dos o tres practicantes
se lastimaron severo explorando sus profundidades
a la olla venían también de otros barrios
era la única de su clase en Buenos Aires
no era apta para novatos, pero los pibitos
se mandaban como si la conocieran de siempre
en esa época
todavía no hacía equilibrio
pero iba a mirar a los devotos
aprendía los movimientos de memoria
para evitar sumarme a la lista de accidentandos
la olla era zona de codos raspados
de rodillas rojas y dientes perdidos
era el lugar
en el que todos se ponían a prueba
ahí se daba
el ritual de iniciación
que separaba a los chicos de los hombres
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Cecilia
dice que los skaters muertos permanecen en el aire
no se alejan del barrio, observan
a las nuevas generaciones que toman las curvas y buscan
equilibrio en las tablas
antes que nosotros
hubo otros que dominaron las pistas
alzo la tabla para mantener sus nombres presentes
en un homenaje para rememorar su hazañas
Lucas se agarró
del último bagón del tren y cruzó
la tabla por encima de los rieles
sacó fuego como si estuviera poseído
era día de calor, las manos le sudaban
no pudo sostenerse y rodó
para atrás, para atrás, para atrás
escuché
que lo encontraron muerto pero con una sonrisa
Magdalena intentó con un colectivo
se agarró del paragolpes de atrás
recorrió toda la avenida del barrio
la gente le gritaba, algunos tocaban bocina
pero cuando se cortó la onda
el golpe en la cabeza la dejó lechuga
esos son los de nuestro barrio
en otros barrios hay otros nombres que se repiten
cuando se habla
del costo de equilibrarse en las tablas
si me toca morir
equilibrando en el skate
quiero que escriban mi nombre
en la vereda en la que estuvo la olla




