martes, 21 de abril de 2009



imagen de Little nemo in slumberland.

fragmento de ¨ separaciòn ¨

Estoy durmiendo en mi habitación y algo me despierta. Específicamente es un ruido, pero tardo en entender lo que está pasando. Es ruido a partición y le corresponde a la grieta que gana recorrido por una de las paredes mientras fragmenta este ambiente del resto de la casa. Veo como la habitación se desplaza, se aleja a escala centimétrica del hogar y gira sobre su eje bajo hasta que la apertura enfrenta al patio, al pasto crecido por desidia. Pero no hay más que eso como estampa del patio, no está el cuartito o la pared del fondo, la pared final de la propiedad, en su vez, donde termina la tierra, hay agua. Hay una superficie de agua no estrecha no amplia, con correntada apacible que lleva la habitación hacia lo que podría ser un adelante. De un lado y del otro hay vegetales, quiero decir vegetación pero pienso en vegetales. No conozco las especies de helechos, árboles, arbustos, plantas o juncos que crecen en los lugares de agua. Todo es verde, húmedo y arqueado y la habitación va, se mueve por el agua. A este momento ya estoy levantado, parado en el borde, mirando, con la tranquilidad que da el silencio y la inquietud que traen algunas sorpresas. No se si estoy solo en la región, de hecho tampoco se si esto es una región o la parte menor de un hábitat artificial. Lo que puedo decir es que soy el único en este ambiente y la estructura no se hunde, como si estuviera diseñada para la flotación y no para añadirse a otras estructuras. Escucho el graznido de un pájaro pero no lo veo, lo escucho graznar y moverse entre las ramas de algún árbol. Hay sol. Hay sol y no hay nativos disparando flechas o dardos, al menos por ahora. Hay paz. Estoy al frente de una habitación que navega voluntariamente por el centro del río.